Feb 26

El agua en resistencia al extractivismo: el caso de América Latina

Artículo escrito originalmente por Claire Comeliau y publicado por el Journal d’Alter

América Latina es rica en recursos naturales. Durante varios años, una verdadera «guerra del agua» se ha desarrollado en el continente. Las poblaciones locales se han  enfrentado a multinacionales ávidas de ganancias. Mientras que la población local, cuya vida cotidiana y herencia ancestral han sido profundamente alteradas. El último número de Caminando ha decidido convertirlo en su caso. El número temático «El agua por la vida : Ríos que caminan, pueblos que luchan» se lanzó el 19 de febrero en La Livrerie de Montréal.

Fundada en 1980, la Revista Caminando pretende ser una herramienta para la difusión y análisis de las luchas de los movimientos sociales latinoamericanos, a través de un enfoque anticapitalista, feminista y anticolonial. Fomenta la reflexión sobre luchas alternativas en América Latina y ofrece una mirada crítica a cuestiones contemporáneas en un contexto marcado por el neoliberalismo.

Cuestiones hidropolíticas en América Latina

En el contexto de la crisis climática, la defensa del agua  frente a los excesos extractivistas, se vuelve un tema central para la supervivencia.  El agua ahora es considerada como el  «oro azul», debido a los conflictos de interés en torno a su explotación. La industria minera lucha por el acceso, enriqueciéndose a costa de Pachamama — Madre Tierra — de las comunidades locales y la biodiversidad.

Una de las paradojas a nivel político es que aunque varios países latinoamericanos han reconocido simbólicamente los derechos de la naturaleza,  —la Pachamama incluso ha sido considerada en algunas constituciones—, estas acciones a menudo permanecen intactas.. El gran discurso oficial sobre la protección ambiental contrasta con la realidad legal y económica: las políticas extractivistas persisten y se observan pocos cambios estructurales.

Canadá, un hito para las compañías mineras

Alain Deneault, filósofo de Quebec, critica enérgicamente las políticas canadienses que convierten al país en un paraíso regulatorio y fiscal para la industria minera. Canadá, marcado por el extractivismo, a veces es apodado «la Suiza de la minería»: en 2013, casi el 75% de las compañías mineras del mundo estaban registradas allí, atraídas por un marco jurídico y fiscal ventajoso. Los mecanismos regulatorios están fragmentados y luchan por sancionar eficazmente los delitos medioambientales, y las violaciones de derechos humanos. En Canadá, las comunidades indígenas denuncian la desposesión de sus territorios y la pérdida de acceso a recursos naturales a proyectos extractivos.

Como recordarán, varios artículos del número de Caminando, reflejan que en América Latina hay una gran proporción de las compañías mineras establecidas son canadienses. Estas empresas son las principales responsables de esta dinámica capitalista de extracción intensiva y saqueo de recursos naturales. El estudio de caso de la región de Casanare en Colombia, presentado en el lanzamiento por Emmanuelle Roy, es revelador: «Las compañías mineras y gaseras canadienses se han ganado una reputación en toda América Latina: criaturas aterradoras y anónimas, abren las entrañas de los territorios para extraer lo que se vende y luego rechazan el resto.»

El extractivismo como victoria para el neoliberalismo

Pancartas  de propiedad privadas, el reinado de corporaciones todopoderosas, promesas de crecimiento económico: el discurso sobre el desarrollo acompaña a la expansión extractivista. Sin embargo, el equilibrio natural se ve profundamente alterado.

Se supone que Casanare es uno de los departamentos más ricos de Colombia en términos de recursos naturales. Pero el contraste llama la atención: a pesar de esta riqueza, el acceso al agua está severamente restringido para las poblaciones locales, con empresas apropiándose de ríos y aguas subterráneas. Las comunidades no se beneficiaron en absoluto del desarrollo de la región, lo que obligó al campesinado a formar una nueva pirámide social ante la total dominación de los recursos. Esta discrepancia ilustra una tensión irrefutable: el extractivismo y la protección del agua nunca serán compatibles.

Resistir para proteger la biodiversidad

Rechazar la mercantilización del agua para defender el propio territorio, se ha convertido en una realidad diaria para muchas comunidades latinoamericanas. Los paisajes están cambiando, secándose, y la creación de empresas extractivas está alterando los estilos de vida.

La sequía en  aguas subterráneas provoca la desaparición de fuentes de agua de las que dependen los ecosistemas. Los peces están desapareciendo gradualmente, poniendo en peligro el sustento del sector pesquero. El ejemplo del lago Poopó, que fue alguna  vez el segundo lago más grande de Bolivia y cuna de una comunidad pesquera, ahora está completamente seco, reflejando  el considerable impacto en la biodiversidad y en la población local.

Las personas que se atreven a oponerse a estos proyectos agresivos suelen ser reprimidas por la policía y por el propio Estado, que favorece acuerdos económicos con empresas extractivas.

Si el desarrollo económico se presenta como una necesidad, debemos pensar en la naturaleza de su crecimiento, que desafía los derechos de la naturaleza destruyendo la biodiversidad y debilitando a las comunidades locales. Este modelo no puede describirse sino como a partir de las lógicas capitalistas,  cegadas por la búsqueda del beneficio, mismo que debe ser regulado imperativamente.

Actuando desde aquí: la importancia de la solidaridad

La solidaridad internacional parece ser un motor esencial. Concientizar, informar y transmitir estas luchas desde Canadá revela el poder incandescente y monstruoso de las empresas registradas aquí.

Si los gobiernos no protegen el agua, las comunidades se organizan para que se reconozca como un derecho humano fundamental y un bien común. En Canadá, proyectos como la «comunidad azul» animan a los municipios a adoptar resoluciones como marco de compromiso para el reconocimiento del agua como bien común, incluyendo la prohibición del uso y la venta de agua embotellada.

El lanzamiento de este número de Caminando es un recordatorio de que las luchas por el agua trascienden fronteras: implican la supervivencia de las comunidades locales, la protección de la biodiversidad y nuestra propia responsabilidad, frente a empresas cuya búsqueda de beneficio sigue alterando los territorios y estilos de vida de los pueblos de América Latina.

 

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