{"id":1007119,"date":"2025-09-23T08:25:06","date_gmt":"2025-09-23T12:25:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cdhal.org\/?p=1007119"},"modified":"2026-01-15T13:13:55","modified_gmt":"2026-01-15T18:13:55","slug":"nombrarnos-desde-la-montana-historia-y-resistencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cdhal.org\/es\/nombrarnos-desde-la-montana-historia-y-resistencia\/","title":{"rendered":"Nombrarnos desde la Monta\u00f1a: historia y resistencia"},"content":{"rendered":"<p>Publicado por Wellinton Osorio, Prensa comunitaria, 11 de septiembre de 2025<\/p>\n<p><em>Nombrar\u00a0La Monta\u00f1a\u00a0no deber\u00eda ser motivo de verg\u00fcenza ni un recurso de burla que moralice desde lo despectivo. Por el contrario, decir que somos de\u00a0La Monta\u00f1a\u00a0implica asumir una herencia hist\u00f3rica de encuentro, resistencia y mestizaje, un territorio donde se tejieron memorias, luchas y formas de vida que han sido invisibilizadas. Reivindicar este nombre es afirmar que en las laderas, los bosques y las comunidades de este corredor hist\u00f3rico habita todav\u00eda una identidad digna, que merece ser reconocida con orgullo y no desde el estigma.<\/em><\/p>\n<p>Mientras las \u00faltimas gotas de un invierno asediado caen sobre las laderas y barrancos del pueblo de Palencia, leo algunos comentarios en redes sociales que cuestionan por qu\u00e9 usar el concepto \u201cLa Monta\u00f1a\u201d ser\u00eda algo denigrante. Esa discusi\u00f3n me lleva a reflexionar sobre el da\u00f1o que ha provocado la falta de una ense\u00f1anza profunda de la Historia de Guatemala en las escuelas \u2014en especial en las de Palencia\u2014 y, todav\u00eda m\u00e1s, sobre el hecho de que nuestra memoria casi nunca se conversa ni se transmite en la cotidianidad.<\/p>\n<p>Las siguientes l\u00edneas forman parte de un primer borrador incluido en la investigaci\u00f3n\u00a0Miner\u00eda, deforestaci\u00f3n, basura y organizaci\u00f3n: percepciones comunitarias en San Jos\u00e9 del Golfo, San Pedro Ayampuc, Palencia y San Antonio La Paz, realizada por el Colectivo Chiviricuarta. Este borrador se inscribe tambi\u00e9n en un proyecto personal m\u00e1s amplio de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Palencia, del cual seguramente habr\u00e1 noticias en los pr\u00f3ximos meses. En este momento me veo con la responsabilidad urgente de compartir, aunque sea de manera general y con las disculpas del caso por los vac\u00edos que a\u00fan persisten, un texto que contin\u00faa en desarrollo como parte de esta investigaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Palencia: \u201cLa Monta\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>Este escrito no es, ni pretende ser, un documento cientificista o academicista; m\u00e1s bien, busca ser una memoria colectiva que recoge las percepciones de un territorio frente a las amenazas y problem\u00e1ticas que surgen de no conocer nuestra propia historia. Una historia que se vincula con nuestra identidad, con el tejido social y con la memoria de este lugar. Deber\u00edamos conocerla m\u00e1s all\u00e1 de lo que se nos ha contado, pues no se inicia con la compra de una hacienda por Mat\u00edas de Palencia.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso nadie se ha hecho la inc\u00f3moda pregunta, a media cena, de cu\u00e1l era el nombre de este lugar antes de la llegada de los espa\u00f1oles?, \u00bfqui\u00e9nes lo habitaban?, \u00bfc\u00f3mo nos cambiaron la historia para que hoy ignoremos incluso nuestro propio presente?<\/p>\n<p>A quienes tengan la valent\u00eda de continuar con esta lectura les anticipo, desde ya, que al finalizar vuelvan a esta pregunta que dejo para responder: \u00bfno ser\u00e1 que el deseo de dejar de llamarnos de la \u201cLa Monta\u00f1a\u201d o \u201cMonta\u00f1eros\u201d proviene del despojo de nuestra verdadera historia, de un anhelo impuesto de ver todo lo dem\u00e1s como \u201ccivilizado\u201d y como \u201cdesarrollo\u201d?<\/p>\n<p>Ignoramos, quiz\u00e1, que en la tranquilidad de los bosques, en la fertilidad de los planes, en la abundancia de las joyas naturales y en el verdor de los campos de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d, encontramos una vida m\u00e1s plena, m\u00e1s feliz y una relaci\u00f3n m\u00e1s arm\u00f3nica con el territorio que habitamos.<\/p>\n<p><strong>La Monta\u00f1a, el territorio que habitamos<\/strong><\/p>\n<p>El territorio al que me refiero puntualmente en las siguientes l\u00edneas hist\u00f3ricas son el nororiente del departamento de Guatemala, abarcando los municipios de San Pedro Ayampuc, San Jos\u00e9 del Golfo y Palencia, as\u00ed como el municipio de San Antonio La Paz, en el departamento de El Progreso y los municipios de San Jos\u00e9 Pinula, en el departamento de Guatemala, y Mataquescuintla, en el departamento de Jalapa, para efectos de este art\u00edculo se les considerar\u00e1 parte de un territorio com\u00fan.<\/p>\n<p>Un territorio que, debido a su cercan\u00eda con la ciudad, desempe\u00f1a un papel clave en la historia del pa\u00eds. Sin embargo, a pesar de esta proximidad y de la constante amenaza de expansi\u00f3n de la frontera (mental) de lo citadino sobre lo rural, estas comunidades se resisten a ser absorbidas por una din\u00e1mica ajena a su identidad. Son pueblos rurales situados en los m\u00e1rgenes de la ciudad, cuya historia ha sido sistem\u00e1ticamente invisibilizada y relegada al olvido en los relatos oficiales.<\/p>\n<p>Para efectos de estas breves l\u00edneas hist\u00f3ricas y justificativas, en adelante nos referiremos a este conjunto de municipios como \u201cLa Monta\u00f1a\u201d. Esta denominaci\u00f3n se basa en m\u00faltiples referencias hist\u00f3ricas de acad\u00e9micos que han estudiado el per\u00edodo de transici\u00f3n, durante el siglo XIX, entre el sistema estamental y el Estado finquero. Es decir, el breve per\u00edodo posterior a la independencia que culmina con la ca\u00edda del gobierno de Mariano G\u00e1lvez, en la ciudad de Guatemala, a manos de la resistencia campesina de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d (Palencia Frener, 2020).<\/p>\n<p><strong>La Rebeli\u00f3n de la Monta\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>La Rebeli\u00f3n de la Monta\u00f1a fue un movimiento campesino e ind\u00edgena Xinka que tuvo lugar entre 1834 y 1838, durante el gobierno de Mariano G\u00e1lvez. En este contexto, es importante resaltar la necesidad de reinterpretar la historiograf\u00eda liberal guatemalteca, explorando el papel de los actores tradicionalmente invisibilizados, es decir, los Xinka y la poblaci\u00f3n ladino-mestiza. Fueron los campesinos Xinka de las monta\u00f1as de oriente quienes iniciaron la revuelta, lo que nos lleva a preguntarnos: \u00bfpor qu\u00e9 se rebelaron? (Gonz\u00e1lez, 2017).<\/p>\n<p>El gobierno liberal, a fin de contrarrestar los asaltos en el Camino Real \u2014ruta que atravesaba el oriente\u2014 envi\u00f3 tropas para terminar con el bandidaje que asolaba el comercio y las haciendas. Adem\u00e1s, orden\u00f3 la destrucci\u00f3n de los poblados situados a la orilla del camino; por ejemplo, mand\u00f3 a reducir a cenizas los ranchos sospechosos de albergar malhechores. Tambi\u00e9n decidi\u00f3 el reasentamiento forzoso de los habitantes, supuestos delicuentes, medida que ten\u00eda como trasfondo el poblamiento de la salida atl\u00e1ntica.<\/p>\n<p>Entre otros antecedentes de la rebeli\u00f3n, debe considerarse la legislaci\u00f3n que estipul\u00f3 la reducci\u00f3n de tierras bald\u00edas a propiedad individual mediante el pago de un precio razonable. Los poblados enfrentaron la presi\u00f3n de los grandes propietarios, quienes pod\u00edan manipular la legislaci\u00f3n relativa a denuncias de tierras, lo que provoc\u00f3 el desalojo de algunas comunidades de territorios que consideraban propios\u201d (Gonz\u00e1lez, 2017).<\/p>\n<p>En este punto, es fundamental se\u00f1alar que la Rebeli\u00f3n de la Monta\u00f1a fue consecuencia del abandono del gobierno central hacia las comunidades rurales del nororiente del departamento de Guatemala y el oriente del pa\u00eds. A ello se sumaron las amenazas y el despojo de la propiedad comunal, as\u00ed como \u201cla exclusi\u00f3n de los campesinos del oriente, quienes tambi\u00e9n ocuparon el polo dominado y marginado de la sociedad\u201d (Gonz\u00e1lez, 2017).<\/p>\n<p><strong>La Monta\u00f1a en la historia<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, la historia de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d no comienza con los movimientos armados del siglo XIX que derrocaron gobiernos y fundaron la Rep\u00fablica. Se remonta mucho antes de la invasi\u00f3n espa\u00f1ola, la fundaci\u00f3n de la colonia o el traslado de la capital de Guatemala al valle de las Vacas.<\/p>\n<p>Lo que hoy llamamos \u201cLa Monta\u00f1a\u201d era, antes de la llegada de los espa\u00f1oles, un territorio com\u00fan de encuentro, comercio y tr\u00e1nsito entre los pueblos Maya y Xinka. En la regi\u00f3n nororiente del departamento de Guatemala. \u201cLa Monta\u00f1a\u201d funcionaba como un extenso corredor comercial y de intercambio. En zonas como Canalitos, en la zona 25 de la ciudad, Las Canoas, en parte de la ruta al Atl\u00e1ntico entre las zonas 25 y 18, as\u00ed como en comunidades del municipio de San Jos\u00e9 del Golfo, se han encontrado yacimientos de obsidiana. Sin embargo, los sitios m\u00e1s importantes, con grandes de esta roca volc\u00e1nica y evidencia de antiguos talleres se localizan en el municipio de Palencia, espec\u00edficamente en el caser\u00edo El Chayal y las aldeas El Fiscal, Los Mixcos y Sansur.<\/p>\n<p>En estos lugares, los yacimientos son f\u00e1cilmente distinguibles, incluso, se han identificado varios talleres de preparaci\u00f3n de n\u00facleos, reconocidos por la abundancia de piezas cortadas y astillas. Toda la obsidiana de Palencia, que representa la mayor \u00e1rea del pa\u00eds, ha sido agrupada dentro del sistema de yacimientos de El Chayal.<\/p>\n<p>Las investigaciones arqueol\u00f3gicas han permitido establecer que, durante el per\u00edodo Cl\u00e1sico (200-900 d.C.), la fuente de El Chayal estuvo bajo el control de Kaminaljuy\u00fa, en el valle de Guatemala. La obsidiana extra\u00edda de los yacimientos de Palencia era transportada a sitios en Pet\u00e9n, el altiplano y la costa sur de Guatemala, inclusive a regiones de M\u00e9xico y Belice, convirti\u00e9ndose en un art\u00edculo clave del comercio mesoamericano (Alvizuris Sandoval, 2006).<\/p>\n<p>Junto con la obsidiana, en \u201cLa Monta\u00f1a\u201d se intercambiaban granos, alimentos y saberes. Esta regi\u00f3n era un importante centro de transmisi\u00f3n de conocimientos relacionados con la gastronom\u00eda, la agricultura, la medici\u00f3n del tiempo y la medicina natural. Por esta raz\u00f3n, resulta dif\u00edcil trazar una frontera clara entre los pueblos Maya y Xinka, ya que, antes de la invasi\u00f3n espa\u00f1ola, este territorio era un espacio de intercambio constante.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n fue escenario de batallas campales por el control de los yacimientos de obsidiana o las rutas comerciales. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de los conflictos, a\u00fan hoy se pueden encontrar evidencias palpables de esta historia en las caracter\u00edsticas culturales de su poblaci\u00f3n y en su mestizaje ancestral. Es innegable que en \u201cLa Monta\u00f1a\u201d se tejieron conocimientos, amistades y lazos afectivos.<\/p>\n<p>Para el per\u00edodo conocido como Cl\u00e1sico Tard\u00edo, los asentamientos humanos en \u201cLa Monta\u00f1a\u201d segu\u00edan siendo escasos y poco visibles. Este territorio funcionaba principalmente como corredor comercial, destinado al intercambio y encuentro entre grupos, pero no se conceb\u00eda a\u00fan como un espacio habitable permanente. Esta percepci\u00f3n gener\u00f3, a lo largo de la historia, prolongadas disputas por el control pol\u00edtico-territorial de la zona. Las fuentes hist\u00f3ricas se\u00f1alan la presencia de asentamientos Pipil y Poqomam en gran parte del Pac\u00edfico y la regi\u00f3n que hoy denominamos \u201cLa Monta\u00f1a\u201d, grupos que dominaron pol\u00edticamente este corredor comercial entre los a\u00f1os 600 y 900 d.C.<\/p>\n<p>Durante este mismo per\u00edodo, los grupos Xinka m\u00e1s influyentes consolidaron su poder, imponi\u00e9ndose sobre otros asentamientos costeros y monta\u00f1osos. No obstante, tambi\u00e9n desarrollaron estrategias diplom\u00e1ticas, como lo evidencia del tratado de paz establecido entre Mictlan y Achuapan (en Jutiapa) con grupos Poqomam. Seg\u00fan Castillo (2015), esta alianza permiti\u00f3 la supervivencia de tradiciones culturales en ambos pueblos, fusion\u00e1ndose para dar origen a un nuevo horizonte sociocultural.<\/p>\n<p>Con el inicio del Per\u00edodo Poscl\u00e1sico (950-1697 d.C.), se produjo una reconfiguraci\u00f3n de las sociedades Maya, caracterizada por el abandono de asentamientos en tierras bajas y migraciones hacia las regiones altas del pa\u00eds. Este fen\u00f3meno provoc\u00f3 el despoblamiento de las tierras medias del nororiente guatemalteco, dejando al pueblo Xinka como \u00fanico habitante de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>En este contexto, los Xinka establecieron asentamientos dispersos por el territorio, perfeccionando sus t\u00e9cnicas agr\u00edcolas y adaptando su modo de vida a los valles y laderas del sur de San Pedro Ayampuc y San Jos\u00e9 del Golfo, as\u00ed como a las zonas monta\u00f1osas de San Antonio la Paz, Palencia, San Jos\u00e9 Pinula y Mataquescuintla.<\/p>\n<p>Hacia finales del Poscl\u00e1sico Tard\u00edo, los movimientos migratorios y las guerras por el control de territorios con condiciones ambientales m\u00e1s estables llevaron al pueblo Xinka a reorganizarse. Este proceso implic\u00f3 el abandono de algunas zonas cercanas a El Salvador y la migraci\u00f3n de grupos dedicados a la agricultura hacia las tierras altas de la cuenca, donde la vida se centraba m\u00e1s en actividades agr\u00edcolas que en conflictos por el control de los valles en las tierras bajas.<\/p>\n<p>Como resultado, se establecieron asentamientos dispersos en lo que hoy es gran parte de las monta\u00f1as de Palencia, San Antonio la Paz y San Jos\u00e9 del Golfo. Estos nuevos asentamientos se distanciaron de la organizaci\u00f3n social Xinka tradicional, basada en la estructura de los 20 se\u00f1ores principales y los 20 tekuanes o cerros protectores (Castillo, 2015).<\/p>\n<p>Durante el mismo per\u00edodo, los documentos y textos hist\u00f3ricos de la \u00e9poca colonial comienzan a reflejar un proceso de invisibilizaci\u00f3n hacia el pueblo Xinka de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d y el oriente. Seg\u00fan Dary (2015), en los registros coloniales sobre la regi\u00f3n suroriental de Guatemala, la poblaci\u00f3n se clasificaba seg\u00fan las categor\u00edas utilizadas por los administradores coloniales y los sacerdotes para el empadronamiento. Estas categor\u00edas inclu\u00edan t\u00e9rminos como \u201cindios\u201d, \u201cladinos\u201d, \u201cpardos\u201d, \u201cmulatos\u201d, \u201cnegros\u201d y otros. Sin embargo, la poblaci\u00f3n originaria rara vez era identificada con precisi\u00f3n, mencion\u00e1ndose simplemente como \u201cindios\u201d, \u201cnaturales\u201d o \u201cind\u00edgenas\u201d. En contadas ocasiones se especificaba el idioma que hablaban estas comunidades, contribuyendo a la p\u00e9rdida de reconocimiento de su identidad cultural.<\/p>\n<p><strong>El idioma de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d: toponimias y resistencia cultural<\/strong><\/p>\n<p>Como se\u00f1ala Hugo Sacor en su libro\u00a0Memoria de los pueblos, citando a Eric Thompson, se identifican en la naci\u00f3n Xinka top\u00f3nimos que terminan en \u201cagua\u201d o \u201cahua\u201d (a veces reducidos a \u201cgua\u201d o \u201cua\u201d), los cuales Thompson asocia con poblaciones no Maya o territorios donde su influencia no penetr\u00f3. Thompson se\u00f1ala que, al norte, el territorio Xinka parece haberse extendido hasta la parte meridional del r\u00edo Motagua, desde su desembocadura hasta San Crist\u00f3bal Acasaguastl\u00e1n (El Progreso), una regi\u00f3n hist\u00f3ricamente conocida como La Monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Por su parte, Lyle Campbell, tambi\u00e9n citado por Hugo Sacor, dice que adem\u00e1s de pr\u00e9stamos agr\u00edcolas en el idioma Xinka, existe un n\u00famero considerable de t\u00e9rminos comerciales que reflejan sus contactos con otros pueblos, muchos de ellos provenientes del maya occidental. Un ejemplo de esto es la cercan\u00eda de San Pedro Ayampuc con comunidades Maya, lo que sugiere pr\u00e9stamos ling\u00fc\u00edsticos tempranos debido a la fonolog\u00eda del per\u00edodo Cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>Estos pr\u00e9stamos se habr\u00edan adoptado durante las jornadas de comercio y tr\u00e1nsito en \u201cLa Monta\u00f1a\u201d, lo que indica una ocupaci\u00f3n y circulaci\u00f3n significativa del pueblo Xinka en tierras bajas de habla Maya. Esto explica por qu\u00e9 algunas palabras Xinka se conservan en el territorio y parecen utilizarse tambi\u00e9n en otros pueblos mestizos de origen Maya.<\/p>\n<p>El Xinka es una familia de cuatro idiomas reducidos, vinculados principalmente a Yupiltepeque, pero tambi\u00e9n hablados en Jalapa, Guazacap\u00e1n, Chiquimulilla y Jumaytepeque. Algunos documentos coloniales evidencian la presencia y subsistencia de la variante dialectal de Jalapa en las monta\u00f1as y valles cercanos a lo que hoy es la ciudad de Guatemala, espec\u00edficamente en la regi\u00f3n conocida como \u201cLa Monta\u00f1a\u201d. Ejemplos interesantes que evidencian estas ocupaciones son top\u00f3nimos como Ayampuc (donde\u00a0ay\u00a0significa \u201clugar\u201d y\u00a0ampuk\u00a0significa \u201cserpiente\u201d), que sugiere una interpretaci\u00f3n del territorio como un lugar de encuentro entre las serpientes (el p\u00e1jaro serpiente y la serpiente de agua) o como un punto de convergencia entre los pueblos Maya y Xinka. Este territorio fue disputado antes de la invasi\u00f3n espa\u00f1ola por los akahales, Kaqchikel y Poqomam. Otro ejemplo es Sansare o Sansur (antes Sansua), donde el t\u00e9rmino \u201csan\u201d se interpreta como \u201cen\u201d o \u201clugar\u201d (Sacor, 2006).<\/p>\n<p>Este etnocidio estad\u00edstico tambi\u00e9n lo reconoce y nombra Tata Chonito, abuelo del territorio Xinka de San Francisco Jumaytepeque, titular de la Comisi\u00f3n de Espiritualidad y Educaci\u00f3n en el Parlamento Xinka, que ha dedicado gran parte de su vida a la recuperaci\u00f3n y promoci\u00f3n del idioma, la espiritualidad y la educaci\u00f3n decolonial.<\/p>\n<p>Tata Chonito, como le conocen amigablemente a don Expectaci\u00f3n Garc\u00eda, hombre de avanzada edad, de cabellera blanca y tez morena, reservado pero risue\u00f1o en los espacios de confianza, es un m\u00fasico innato. En su repertorio guarda decenas de canciones escritas y cantadas en Xinka; tambi\u00e9n ha creado poemas, cuentos, historias y procesos de recuperaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica. Su labor ha trascendido las fronteras reconocidas como territorio Xinka y ha llegado hasta las periferias de su pueblo.<\/p>\n<p>Hace algunos meses acompa\u00f1\u00f3 un proceso de formaci\u00f3n para la recuperaci\u00f3n del idioma y la investigaci\u00f3n comunitaria en \u201cLa Monta\u00f1a\u201d de Palencia, San Jos\u00e9 del Golfo y San Pedro Ayampuc, junto a personas de la resistencia pac\u00edfica de La Puya y de comunidades en defensa del territorio. Tuve la oportunidad de participar en ese proceso y, en varias ocasiones, los intercambios de palabras sobre nuestra identidad se convirtieron en jornadas de di\u00e1logo enriquecedor. En una de esas conversaciones analizamos una de las palabras m\u00e1s complejas y encantadoras del idioma y de la cosmovisi\u00f3n Xinka.<\/p>\n<p>Se trata de la palabra \u201cAnp\u00fck\u201d, construida a partir de tres ra\u00edces, que encierra el misterio de la cosmovisi\u00f3n, la resistencia y la clave para la reconstrucci\u00f3n del tejido social en los territorios Xinka. En su uso cotidiano, \u201cAnp\u00fck\u201d significa \u201cserpiente\u201d, s\u00edmbolo de la Ixiwa ih\u2019, entendida como la creaci\u00f3n o la vida, representada en forma de serpiente que gira c\u00edclicamente. Tambi\u00e9n alude al agua, es decir, a la serpiente de agua como elemento vital de la cultura y la cosmovisi\u00f3n. Sin embargo, etimol\u00f3gicamente, al descomponerla se encuentra un sentido a\u00fan m\u00e1s profundo: \u201cAn\u201d significa \u201cmi\u201d, \u201cP\u00fc\u201d es \u201cmano\u201d y la \u201ck\u201d refiere a \u201ct\u00fa\u201d. En conjunto, significa \u201ctu mano y la m\u00eda\u201d, evocando el gesto de estrechar las manos. Es la acci\u00f3n de fraternidad comunitaria y de saludo, que adem\u00e1s simboliza amistad, amor y unidad.<\/p>\n<p><strong>Invasi\u00f3n, colonia e inicios de la invisibilizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Con la llegada de la invasi\u00f3n espa\u00f1ola al altiplano y la costa sur del pa\u00eds en el siglo XVI, y conforme esta avanzaba hacia el oriente y el norte, los pueblos dispersos que habitaban las laderas y peque\u00f1os valles de la regi\u00f3n conocida como \u201cLa Monta\u00f1a\u201d se refugiaron en zonas boscosas y monta\u00f1osas. Este desplazamiento implic\u00f3 el abandono de poblados y el establecimiento en lugares m\u00e1s aislados para continuar con la vida agr\u00edcola. As\u00ed se fundaron comunidades en lo que hoy son las aldeas de La Concepci\u00f3n, Sanguayab\u00e1 (antes Sanguayagua), Sansur (Sansua) y Sampaquisoy, territorios f\u00e9rtiles propicios para el cultivo.El territorio de Sanguayab\u00e1 limitaba con las tierras de la cofrad\u00eda de Nuestra Se\u00f1ora del Rosario de Mataquescuintla y con monta\u00f1as realengas conocidas por los antiguos como Sansua. La proximidad entre Sanguayab\u00e1, Sansur y Mataquescuintla no solo abarcaba aspectos territoriales, sino tambi\u00e9n religiosos y culturales.<\/p>\n<p>En una carta de Pedro de Alvarado a la Corona inform\u00f3 en 1524 que hab\u00eda encontrado pueblos que hablaban \u201cotra lengua\u201d, distinta al n\u00e1huatl o al K\u2019iche\u2019. Posteriormente, Francisco Antonio de Fuentes y Guzm\u00e1n describi\u00f3 en la Recordaci\u00f3n Florida la defensa organizada por los Xinka en Atiquipaque, cercano a lo que hoy es Taxisco. All\u00ed, el jefe local \u2014conocido como el Se\u00f1or de Atiquipaque\u2014 hiri\u00f3 con su lanza al caballo de Alvarado, oblig\u00e1ndolo a combatir a pie, hasta que finalmente fue herido de muerte. Este hecho evidenci\u00f3 la valent\u00eda de la resistencia Xinka (Fuentes y Guzm\u00e1n, 1933, como se cita en Dary, 2015, p. 5).<\/p>\n<p>El historiador Inocencio Del Busto exalt\u00f3 a este l\u00edder ind\u00edgena, equipar\u00e1ndolo a Tec\u00fan Um\u00e1n como h\u00e9roe nacional, por simbolizar la resistencia Xinka frente a la invasi\u00f3n (Del Busto, 1962, como se cita en Dary, 2015, p. 6). Despu\u00e9s de lo ocurrido en Atiquipaque, Alvarado se dirigi\u00f3 hacia Taxisco, donde los Xinka construyeron fosos defensivos y atacaron con flechas, lanzas de madera endurecida y corazas de algod\u00f3n. Los guazacapanecos aprovecharon la vulnerabilidad de los espa\u00f1oles y sus tamemes, arrebat\u00e1ndoles armas y pertrechos, incluso utilizando flechas envenenadas (Dary, 2015, p. 6).<\/p>\n<p>La resistencia se intensific\u00f3 en Jumay y en pueblos aliados como Jalpatagua, Ixhuat\u00e1n, Comapa y Los Esclavos. Los Xinka dise\u00f1aron ingenios b\u00e9licos, como una armaz\u00f3n de madera que lanzaba piedras con la fuerza de un ca\u00f1\u00f3n. Los espa\u00f1oles debieron construir un puente para cruzar el r\u00edo Los Esclavos y, al capturar a algunos caciques locales, los marcaron con hierro candente para sofocar \u201clas inquietudes y rebeld\u00edas\u201d (Fuentes y Guzm\u00e1n, 1933, como se cita en Dary, 2015, pp. 6-7).<\/p>\n<p>Cuando el ej\u00e9rcito avanz\u00f3 hacia el norte del actual departamento de Santa Rosa, encontr\u00f3 m\u00e1s pueblos Xinka. Algunos fueron descritos como diferentes por su aspecto f\u00edsico. En varias cartas, Alvarado los llam\u00f3 \u201cse\u00f1ores de la monta\u00f1a\u201d. Seg\u00fan un documento prehisp\u00e1nico citado por Fuentes y Guzm\u00e1n, los aliados nahuas nombraron al principal de Jumay como \u201cTonaltet\u201d, Piedra del Sol, debido a su piel clara y a que lo percibieron como distinto.<\/p>\n<p>Estos relatos son fundamentales para reconocer al pueblo Xinka en la historia nacional, aunque han permanecido invisibilizados. Seg\u00fan Claudia Dary, en muchos documentos coloniales la poblaci\u00f3n originaria del suroriente aparece registrada \u00fanicamente como \u201cindio\u201d, \u201cnatural\u201d o \u201ctributario\u201d, sin referencia a su idioma. Esta omisi\u00f3n en los registros oficiales contribuy\u00f3 a lo que Dary denomina \u201cetnocidio estad\u00edstico\u201d, un proceso que borr\u00f3 la identidad Xinka de la historia oficial y de los discursos nacionales.<\/p>\n<p>A pesar de la violencia de la conquista, la resistencia no se extingui\u00f3. Fuentes coloniales relatan que entre 1665 y 1666 los Xinka segu\u00edan provocando incendios y ataques con flechas incendiarias en pueblos ocupados en la monta\u00f1a. Ello demuestra que la conquista fue un proceso largo y nunca plenamente aceptado por estas comunidades (Dary, 2015, p. 7).<\/p>\n<p>En su obra Sanguayab\u00e1, Historia y Remembranza, los palencianos Daniel G\u00f3mez y Luis Orlando G\u00f3mez se\u00f1alan que la historia de la aldea cuenta con registros desde 1779, a\u00f1o en que \u201cse solicit\u00f3 la primera medici\u00f3n y adjudicaci\u00f3n de tierras, de parte del se\u00f1or Josef Rodr\u00edguez a la Corona de Espa\u00f1a, aduciendo que estas eran realengas, es decir, pertenecientes al Rey\u201d. En ese periodo, la aldea era conocida como \u201cSanguayagua\u201d o \u201cSanwayagua\u201d, denominaci\u00f3n utilizada por los antiguos habitantes.<\/p>\n<p>Es importante destacar que lo que hoy conocemos como Sanguayab\u00e1, entonces llamada Sanguayagua, a\u00fan no formaba parte de Palencia. El 22 de noviembre de 1779, el juez subdelegado Juan de Dios Velasco convoc\u00f3 a los curas de la comunidad religiosa de Santo Domingo, al personero del ingenio de Palencia y a los mayordomos de la cofrad\u00eda de Nuestra Se\u00f1ora del Rosario de Mataquescuintla, para que presentaran los t\u00edtulos que respaldaban sus linderos en la diligencia de medici\u00f3n.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, el 26 de noviembre, el capell\u00e1n del ingenio de Palencia envi\u00f3 una carta en la que expuso que \u201clos originales de las medidas de Palencia se perdieron\u201d y solicit\u00f3 nuevas mediciones para conocer sus l\u00edmites. Adjunt\u00f3 adem\u00e1s copias de las medidas solicitadas en 1773 por el mismo Josef Rodr\u00edguez. El documento estaba firmado por el padre Francisco Aguirre.<\/p>\n<p>A pesar de estos registros, en el caser\u00edo Joya Galana, en la monta\u00f1a de Palencia, existe un documento con fecha de 1742 cuya redacci\u00f3n recuerda la figura del Requerimiento. En \u00e9l se lee que \u201cse reclaman esas tierras y quien las habita como su propiedad\u201d. En esta comunidad se construy\u00f3 la primera iglesia del municipio, que a\u00fan conserva vestigios como el \u00f3rgano, la campana y algunas im\u00e1genes de santos, aunque gran parte de su estructura antigua ha sido reconstruida.<\/p>\n<p>En las comunidades de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d, el proceso de invasi\u00f3n no fue tan violento, o bien no se han encontrado registros claros, ya que la mayor parte de los archivos de los frailes dominicos fueron destruidos o extraviados durante el gobierno de Mariano G\u00e1lvez. En estas tierras, la ladinizaci\u00f3n se dio como un proceso de asimilaci\u00f3n pac\u00edfica y de invisibilizaci\u00f3n estad\u00edstica. Desde el siglo XVII, las primeras familias en reclamar propiedad de las fincas fueron los Palencia, de donde proviene el nombre del municipio, y hacia finales de ese siglo y principios del XVIII comenzaron a asentarse familias de apellidos Rodr\u00edguez, G\u00f3mez y Reyes.<\/p>\n<p>Durante las primeras d\u00e9cadas del siglo XVIII, la asimilaci\u00f3n del territorio se produjo sin confrontaciones directas, pues estas comunidades estaban en la periferia del territorio Xinka. A medida que las fincas se divid\u00edan y las fronteras se expand\u00edan muchas familias originarias fueron asimilando una identidad ladina o mestiza. Esto se comprueba en los registros de bautizo de la parroquia San Jos\u00e9 Palencia: a lo largo de este periodo, familias de peque\u00f1os hacendados criollos apadrinaron a hijos de \u201cindios\u201d, \u201cnaturales\u201d y \u201cmulatos\u201d, otorg\u00e1ndoles sus apellidos. De este modo, los ni\u00f1os dejaban de ser registrados como \u201cnaturales\u201d o \u201cindios\u201d para pasar a ser \u201cladinos\u201d. El bautismo se convirti\u00f3 as\u00ed en una herramienta de ladinizaci\u00f3n desde la Iglesia cat\u00f3lica. Por ello, es com\u00fan encontrar que una persona aparezca en los registros como nacida de padres identificados como \u201cindios\u201d, pero que a\u00f1os m\u00e1s tarde sus propios hijos ya figuren inscritos como ladinos.<\/p>\n<p><strong>La negaci\u00f3n de La Monta\u00f1a: estrategias de invisibilizaci\u00f3n y asimilaci\u00f3n forzada<\/strong><\/p>\n<p>Durante el per\u00edodo colonial, la expansi\u00f3n de las \u00e9lites criollas y el despojo de tierras en los valles, se intensific\u00f3 un proceso sistem\u00e1tico de invisibilizaci\u00f3n y sustituci\u00f3n de la identidad de los pueblos de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d. Este proceso buscaba establecer lo que Sergio Palencia (2020) denomina el polo dominado y marginado de la sociedad, es decir, la transformaci\u00f3n de la identidad ind\u00edgena del campesino de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d en una identidad ladina, como negaci\u00f3n de lo ind\u00edgena. Para Palencia, esto implic\u00f3 la construcci\u00f3n de un sujeto pol\u00edtico sobre el cual recayera el peso del polo contrapuesto a lo ind\u00edgena. Para el estamento espa\u00f1ol, este reconocimiento se basaba en la presencia de rasgos de la cultura dominante, especialmente el uso del castellano como idioma principal y la aceptaci\u00f3n intersubjetiva del gobierno colonial.<\/p>\n<p>Este fen\u00f3meno se explica porque los pueblos mencionados al inicio de este texto \u2014Palencia, San Jos\u00e9 Pinula y San Jos\u00e9 del Golfo\u2014 fueron durante los a\u00f1os previos a la invasi\u00f3n espa\u00f1ola, comunidades rurales perif\u00e9ricas. No solo estaban al margen de lo que hoy entendemos como la ciudad, sino tambi\u00e9n en la periferia del propio territorio Xinka. As\u00ed, estos municipios se convirtieron en periferia doble: primero de la colonia, y despu\u00e9s del mundo xinka. Esta condici\u00f3n hizo que los campesinos de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d fueran catalogados como ladinos por las castas espa\u00f1olas, rompiendo la conexi\u00f3n cultural entre el territorio y sus habitantes, y creando un sujeto pol\u00edtico sobre el cual descargar la culpa de los problemas del oriente del pa\u00eds.<\/p>\n<p>A pesar de estas estrategias de negaci\u00f3n y fragmentaci\u00f3n, los pueblos mantuvieron conexiones culturales, religiosas y comerciales. Claudia Dary destaca las celebraciones de cofrad\u00edas interrelacionadas, como San Francisco en Jumaytepeque, San Gabriel en Sanguayab\u00e1, La Divina Pastora en Sansur y Santiago Ap\u00f3stol en Mataquescuintla. Hoy en d\u00eda, estos v\u00ednculos siguen siendo las conexiones m\u00e1s visibles en \u201cLa Monta\u00f1a\u201d, mientras que las de car\u00e1cter cosmog\u00f3nico y cultural se fueron disipando, especialmente en el siglo XIX. Este per\u00edodo resulta clave para comprender el proyecto nacionalista y la consolidaci\u00f3n del etnocidio en la regi\u00f3n, aunque este texto solo lo menciona como marco introductorio.<\/p>\n<p>De esta manera, \u201cLa Monta\u00f1a\u201d y el oriente del pa\u00eds han sufrido un proceso de blanqueamiento hist\u00f3rico, en el que se les catalog\u00f3 como territorios ladino-mestizos, negando su complejidad sociocultural. Actores progresistas y liberales contribuyeron a esta redefinici\u00f3n, desvinculando la identidad ind\u00edgena del territorio y present\u00e1ndolo \u00fanicamente como campesino y ladino.<\/p>\n<p>Durante la colonia y el per\u00edodo posindependencia \u2014en particular bajo Mariano G\u00e1lvez\u2014, la poblaci\u00f3n de oriente y de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d fueron estigmatizados como \u201cb\u00e1rbaros, r\u00fasticos e ignorantes\u201d, opuestos a los ideales civilizatorios (Gonz\u00e1lez, 2017). Esta narrativa permiti\u00f3 que el \u201cladino\u201d de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d fuera marginado por los gobiernos liberales e incluso tachado de rebelde (Palencia Frener, 2020). La desatenci\u00f3n estatal y los ataques sistem\u00e1ticos llevaron a que estas comunidades, catalogadas como ladinas, se aliaran con grupos Xinka de oriente para rebelarse contra el gobierno de G\u00e1lvez durante la Rebeli\u00f3n de La Monta\u00f1a (Palencia Frener, 2020).<\/p>\n<p>A lo largo del siglo XIX, las luchas hist\u00f3ricas \u2014como la formaci\u00f3n de milicias campesinas, el avance del Estado finquero y el abandono neocolonial\u2014 dieron lugar a lo que Bernardo Ar\u00e9valo denomina \u201cEstado violento y ej\u00e9rcito pol\u00edtico\u201d. Este concepto expresa un sentimiento regional de resistencia territorial, hist\u00f3ricamente explotado por sectores conservadores para acceder al poder, pero que tiene su ra\u00edz en la desatenci\u00f3n estatal y en la invisibilizaci\u00f3n de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d como territorio con identidad propia.<\/p>\n<p>Palencia es un caso emblem\u00e1tico. En este territorio, las pol\u00edticas de despojo de tierras comunales y de ladinizaci\u00f3n impulsadas por Justo Rufino Barrios, Lisandro Barillas, Jos\u00e9 Mar\u00eda Reyna Barrios y finalmente Manuel Estrada Cabrera, tuvieron un profundo impacto. Los 188 a\u00f1os de \u201cpalencianidad\u201d han sido, en realidad, 188 a\u00f1os de estrategias postcoloniales para reprimir la identidad colectiva y la organizaci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>En 1836, bajo la presidencia de Mariano G\u00e1lvez, surgi\u00f3 lo que hoy entendemos como palencianidad. La historia comienza con una insurrecci\u00f3n de campesinos e ind\u00edgenas agrupados en milicias en las monta\u00f1as de Palencia, Mataquescuintla y Santa Rosa. Motivados por la defensa de sus tierras comunales y ante las desigualdades sociales, decidieron apoyar a Rafael Carrera en 1838 para derrocar al gobierno de G\u00e1lvez. Sin embargo, este apoyo fue manipulado: mientras Carrera buscaba el poder, los milicianos solo defend\u00edan su tierra. Una situaci\u00f3n comparable, de manera simb\u00f3lica, a las manifestaciones electorales en Palencia durante 2023.<\/p>\n<p>El Batall\u00f3n Palencia, activo entre 1836 y 1840, se parec\u00eda m\u00e1s a un movimiento guerrillero campesino e ind\u00edgena que a un ej\u00e9rcito formal. El blanqueamiento hist\u00f3rico comenz\u00f3 aqu\u00ed, en la manera en que se relat\u00f3 su historia. La ejecuci\u00f3n de Tata Lapo fue usada como una amenaza contra la organizaci\u00f3n campesina. En cartas de Vicente Cerna a sus generales, incluido Antonio Solares \u2014quien decapit\u00f3 a Tata Lapo\u2014, se menciona a Serapio Cruz y a su ej\u00e9rcito de \u201cindios\u201d como una amenaza al r\u00e9gimen, debido a la cercan\u00eda de su movimiento con la ciudad y su expansi\u00f3n desde las monta\u00f1as de Jalapa y Santa Rosa.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n liberal impulsada por Serapio Cruz en las monta\u00f1as de Palencia fue una lucha por tierra, pan y libertad. El asesinato de Tata Lapo permiti\u00f3 controlar a campesinos e ind\u00edgenas sublevados, desviando el rumbo de esa revoluci\u00f3n. Justo Rufino Barrios y Miguel Garc\u00eda Granados continuaron beneficiando a familias coloniales, y con el auge de la producci\u00f3n de caf\u00e9 consolidaron el despojo y la entrega del poder pol\u00edtico a familias que a\u00fan lo conservan. El resto de la historia se construy\u00f3 sobre despojo, manipulaci\u00f3n y violencia.<\/p>\n<p>La gente de este territorio primero fue ind\u00edgena y luego palenciana, aunque esta verdad pocas veces se menciona. Esto puede comprobarse revisando los libros de bautizos de 1700 a 1800 conservados en la parroquia o en textos que a\u00fan pueden consultarse.<\/p>\n<p>La estigmatizaci\u00f3n hist\u00f3rica de las comunidades de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d y del oriente \u2014forjada por los proyectos nacionalistas de los siglos XIX y XX\u2014 consolid\u00f3 una identidad ladina impuesta, que deslig\u00f3 a la poblaci\u00f3n de su cultura, de la propiedad comunal y de su v\u00ednculo con la naturaleza. Este proceso profundiz\u00f3 la marginaci\u00f3n en el siglo XX y facilit\u00f3 la incorporaci\u00f3n de sus habitantes en estructuras estatales como el ej\u00e9rcito, perpetuando la desconexi\u00f3n con sus ra\u00edces.<\/p>\n<p>Las estrategias de invisibilizaci\u00f3n se intensificaron durante el Conflicto Armado Interno, derivando en desapariciones forzadas, ataques contra l\u00edderes ind\u00edgenas y campesinos Xinka, y la ruptura del tejido comunitario. Esta fragmentaci\u00f3n debilit\u00f3 el sentido de identidad territorial y la capacidad de resistencia, abriendo paso a nuevas formas de explotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el siglo XXI, las consecuencias de este etnocidio institucionalizado se reflejan en proyectos extractivos. La desaparici\u00f3n y asesinato de l\u00edderes campesinos \u2014como los que acompa\u00f1aron al padre Herm\u00f3genes en la defensa de los r\u00edos en los a\u00f1os setenta\u2014 dejaron a las comunidades sin capacidad de oposici\u00f3n frente a la degradaci\u00f3n ambiental. La alienaci\u00f3n identitaria heredada del nacionalismo permiti\u00f3 que empresas extranjeras realizaran reconocimientos y exploraciones mineras sin resistencia, convirtiendo a \u201cLa Monta\u00f1a\u201d en un territorio f\u00e9rtil para la explotaci\u00f3n. Bosques talados, monta\u00f1as excavadas y r\u00edos contaminados son el resultado de un largo proceso de despojo y enajenaci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p><strong>La Monta\u00f1a hoy: entre la negaci\u00f3n hist\u00f3rica, la condici\u00f3n de zona de sacrificio y la urgencia de reconstruir la identidad colectiva<\/strong><\/p>\n<p>La Monta\u00f1a enfrenta un dilema cr\u00edtico actual: la ausencia de reconocimiento de derechos colectivos \u2014como la consulta previa\u2014 y la negaci\u00f3n de su identidad hist\u00f3rica la convierten en una zona de sacrificio. La falta de organizaci\u00f3n cohesionada, producto de siglos de invisibilizaci\u00f3n cultural y agravada por la expansi\u00f3n de una mentalidad urbana que homogeniza al departamento de Guatemala bajo la etiqueta de \u00abciudad\u00bb, facilita que los proyectos extractivos operen sin consecuencias.<\/p>\n<p>Sin embargo, en esta periferia marginada de \u201cLa Monta\u00f1a\u201d persiste una memoria subterr\u00e1nea que, aunque fracturada, guarda las claves para reivindicar no solo un territorio, sino una existencia digna frente al modelo neoliberal extractivista.<\/p>\n<p>La lucha por reconstruir ese sentido de pertenencia \u2014cultural, territorial e identitario\u2014 sigue siendo el desaf\u00edo pendiente. Un desaf\u00edo que implica no solo resistir a la maquinaria del despojo, sino tambi\u00e9n retejer los hilos de una memoria colectiva que permita articular la resistencia desde la ra\u00edz: la conexi\u00f3n entre pueblo, tierra y cultura.<\/p>\n<p>Fuente : <a href=\"https:\/\/prensacomunitaria.org\/2025\/09\/nombrarnos-desde-la-montana-historia-y-resistencia\/\">https:\/\/prensacomunitaria.org\/2025\/09\/nombrarnos-desde-la-montana-historia-y-resistencia\/<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado por Wellinton Osorio, Prensa comunitaria, 11 de septiembre de 2025 Nombrar\u00a0La Monta\u00f1a\u00a0no deber\u00eda ser motivo de verg\u00fcenza ni un recurso de burla que moralice desde lo despectivo. Por el contrario, decir que somos de\u00a0La Monta\u00f1a\u00a0implica asumir una herencia hist\u00f3rica de encuentro, resistencia y mestizaje, un territorio donde se tejieron memorias, luchas y formas de vida que han sido invisibilizadas. Reivindicar este nombre es afirmar que en las laderas, los bosques y las comunidades de este corredor hist\u00f3rico habita todav\u00eda una identidad digna, que merece ser reconocida con orgullo y no desde el estigma. Mientras las \u00faltimas gotas de un invierno asediado caen sobre las laderas y barrancos del pueblo de Palencia, leo algunos comentarios en redes sociales que cuestionan por qu\u00e9 usar el concepto \u201cLa Monta\u00f1a\u201d ser\u00eda algo denigrante. Esa discusi\u00f3n me lleva a reflexionar sobre el da\u00f1o que ha provocado la falta de una ense\u00f1anza profunda de la Historia de Guatemala en las escuelas \u2014en especial en las de Palencia\u2014 y, todav\u00eda m\u00e1s, sobre el hecho de que nuestra memoria casi nunca se conversa ni se transmite en la cotidianidad. Las siguientes l\u00edneas forman parte de un primer borrador incluido en la investigaci\u00f3n\u00a0Miner\u00eda, deforestaci\u00f3n, basura y organizaci\u00f3n: percepciones [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":1007117,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9534],"tags":[13749,9409,10015,15159,15158,9879,9796,9637,15160,14514,12496,10976,15157],"type-activite":[],"class_list":["post-1007119","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticia","tag-campesino","tag-derechos-humanos","tag-droits-humains-es","tag-etnocidio","tag-expoliacion","tag-extractivisme-es","tag-extractivismo","tag-guatemala-es","tag-la-montana-es","tag-memoria-colectiva","tag-resistance-es","tag-resistencia","tag-territorio-indigena"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Nombrarnos desde la Monta\u00f1a: historia y resistencia - Comit\u00e9 pour les droits humains en Am\u00e9rique latine<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.cdhal.org\/es\/nombrarnos-desde-la-montana-historia-y-resistencia\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Nombrarnos desde la Monta\u00f1a: historia y resistencia - Comit\u00e9 pour les droits humains en Am\u00e9rique latine\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Publicado por Wellinton Osorio, Prensa comunitaria, 11 de septiembre de 2025 Nombrar\u00a0La Monta\u00f1a\u00a0no deber\u00eda ser motivo de verg\u00fcenza ni un recurso de burla que moralice desde lo despectivo. 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Por el contrario, decir que somos de\u00a0La Monta\u00f1a\u00a0implica asumir una herencia hist\u00f3rica de encuentro, resistencia y mestizaje, un territorio donde se tejieron memorias, luchas y formas de vida que han sido invisibilizadas. Reivindicar este nombre es afirmar que en las laderas, los bosques y las comunidades de este corredor hist\u00f3rico habita todav\u00eda una identidad digna, que merece ser reconocida con orgullo y no desde el estigma. Mientras las \u00faltimas gotas de un invierno asediado caen sobre las laderas y barrancos del pueblo de Palencia, leo algunos comentarios en redes sociales que cuestionan por qu\u00e9 usar el concepto \u201cLa Monta\u00f1a\u201d ser\u00eda algo denigrante. 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